Posiblemente sea demasiado pronto para publicar este comentario. Seguramente en este momento (junio de 2020) la prioridad como sociedad sea asegurar una respuesta sanitaria eficaz ante situaciones como la que nos ha provocado el COVID-19.  Y desde luego, y al mismo tiempo, promover y facilitar una salida social y económica que no deje a nadie, ni persona ni negocio, atrás en la denominada «nueva realidad».

Una oportunidad única para promover un sociedad digital

Pero hechas estas indicaciones habrá que reconocer que una de las consecuencias de la crisis COVID-19 ha sido ponernos frente a las oportunidades y riesgos y a las capacidades y carencias que mostramos  frente a la digitalización (en global) de muchos de nuestras acciones cotidianas tanto a nivel personal como empresarial.

  • Desde la proliferación del contacto personal a través de herramientas de video llamada.
  • La consolidación de la compra online, en todo el proceso de compra (selección, compra, pago y entrega).
  • La digitalización de procesos con la administración; laboral, sanitaria, institucional.
  • El uso de los métodos de pago, incluso interpersonales, en ausencia de dinero físico.
  • El acceso generalizado y personalizado a la información, la actualidad e incluso a la opinión.
  • El acceso y la participación ciudadana en iniciativas culturales, artísticas, políticas, asociativas, etc.
  • La inmersión de todo el universo académico y formativo, reglado y no reglado, en una digitalización de todos y cada uno de sus procesos: desde la información de la oferta, el proceso de contratación o matrícula, la propia docencia, los sistemas de evaluación…

A la espera de un impulso institucional a la digitalización social

Ante esta realidad, vivida, constatada y sufrida por todos nosotros, cabe esperar que dentro de toda la batería de medidas económicas y legislativas que vendrán desde los niveles institucionales se encuentre una apuesta fuerte y decidida por la promover y consolidar la habilidad digital de toda la sociedad.

De la misma manera, y en la misma línea, será la iniciativa privada, la empresa, el negocio local, el profesional,  el que por propio interés debiera actuar como prescriptor necesario de las bondades de esa apuesta digital entre su público y la sociedad en la que vive y desarrolla su actividad.

Una digitalización justa, solidaria y sin brechas

Solo así, con un impulso institucional que no deje a nadie atrás, y con la implicación activa de todas y cada una de las actividades profesionales de nuestra sociedad (desde el pequeño negocio local hasta el sector industrial) lograremos convertir en una oportunidad de mejora lo que hasta ahora no ha dejado de ser una tabla de salvación en medio de una tormenta: la del COVID-19.

 

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